El sable corvo del Gral. San Martín - Por Humberto Leonelli

    Author: Tito Naddeo Genre: »
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                El 23 de enero de 1844, en París, el General San Martín firma a la edad de sesenta y siete años, su testamento. Está seriamente afectado de la vista, por lo que antes que se agrave su dolencia decide escribirlo de su puño y letra. En la cláusula tercera establece el legado de su sable al brigadier general Juan Manuel de Rosas. 

               El General San Martín fallece el 17 de agosto de 1850, su yerno, Mariano Balcarce, que se desempeñaba en la Legación Argentina en París comunica con nota de fecha 29 de septiembre de 1850, a Rosas, la voluntad testamentaria del Libertador.            En cumplimento de la cláusula tercera de dicho testamento, el sable le fue entregado a Rosas, quien en su exilio lo conservaba como una reliquia dentro de un cofre que tenía gravado en su tapa esa cláusula. Sólo exhibirlo a sus visitas en su chacra de “Burguess Street Farma” en Southampton, Inglaterra, donde residía.             Rosas fallece el 14 de Mayo de 1877. El sable pasa a poder de Máximo Terrero (su yerno) en cumplimiento de expresas decisiones testamentarias de Rosas.            

               A mediados de 1896, el Dr. Adolfo P. Carranza que era el Director del Museo Histórico Nacional, comenzó gestiones para que el glorioso sable retornara a la patria. Su gestión documentada comienza con una carta dirigida a la Sra. Doña Manuela Rosas de Terrero, donde expone los altos propósitos que la alientan y expresa su solicitud de retorno del sable que tendría por destino depositario la institución que él dirigía.                                     
                
                 Los esposos Terrero consideraron cuidadosamente la solicitud y finalmente el Dr. Carranza recibe de Inglaterra, la siguiente carta:   “Noviembre 27 de 1896. Apreciable Señor: el 5 de septiembre último recibí su fina carta la que es para mi esposo, para mí y para nuestros hijos tan interesante por la justicia que hace Ud. por disposición testamentaria de mi padre, el sable que fue legado por el ilustre capitán Don José de San Martín, valiosísima prenda que con palabras tan gratas me pide Ud. destine al Museo Histórico Nacional de nuestro país, hoy pertenece a mi esposo, y como fácilmente lo comprenderá Ud. mucho le cuesta a él como a todos nosotros hacer el sacrificio de desprendernos de ella. 

                   Es esta la razón por la demora de mi contestación a su pedido. Al fin mi esposo con la entera aprobación mía y de nuestros hijos, se ha decidido a donar a la Nación Argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del libertador, debería ser el del país que libertó. Por lo tanto puede Ud. señor Carranza contar que al recibo del pedido oficial que Ud. ofrece, la contestación será el envío del sable. En unión de mi esposo y nuestros hijos, saludamos a Ud. cordialmente y soy su atenta, segura servidora. Firmado: Manuela De Rosas de Terrero”.

                    El sable arriba a la ciudad de Buenos Aires el jueves 4 de marzo de 1897, siendo recibido por el Presidente de la Nación José Evaristo Uriburu, en la Casa Rosada de manos del señor Juan Manuel Ortiz De Rosas, como representante de la familia Rosas Terrero. Acto seguido la reliquia se trasladó para su entrega al Museo Histórico Nacional, donde desde entonces se expuso al público hasta el día 12 de agosto de 1963, cuando fue robada y luego recuperada. Pocos días más tarde se volvió a exponer en el Museo y fue nuevamente sustraída el 19 de agosto de 1965, aconteciendo su recuperación diez meses después. 

                     Desde entonces quedó definitivamente en custodia, en la sede del Regimiento de Granaderos a Caballo Gral. San Martín, en su cuartel del barrio del Palermo de la ciudad de Buenos Aires, donde puede ser observada públicamente con condiciones adecuadas de seguridad en un templete blindado apto para tan importante reliquia histórica.     
           
                      El sable tiene un típico diseño de inspiración oriental. El Libertador adquirió esa arma durante su estadía en Londres, antes de embarcarse con destino a Buenos Aires, en el año 1811. Algunos autores también dicen que pudo haberlo adquirido en Francia. Lo concreto es que este sable fue elegido por San Martín para que lo acompañe en su derrotero americano luego de que dejara de prestar servicio en España.            

                       Era bastante frecuente que sables de ese tipo fueran usados en Europa en tiempos en que las fuerzas napoleónicas al conquistar Egipto tomaran contacto con las culturas del oriente medio y las armas blancas que se usaban en la región. También en Inglaterra, Arthur Colley Wellestey (1769-1852) que fuera luego, Duque de Wellington, ya era famoso por usar un sable de estas características orientales durante su carrera militar en España y en Francia.            

                        El sable del Libertador tiene un largo de hoja de 818 mm. Un largo total incluyendo la empuñadura, de 948 mm. Un ancho máximo de la hoja de 27 mm. Un espesor máximo de la hoja de 5 mm. El peso del sable, sin dragona, es  de 890 gramos, el del sable con dragona de 910 gramos, el peso de la vaina es de 680 gramos y el peso del sable con vaina y dragona es de 1570 gramos. El largo de la vaina es de 845 mm. El ancho máximo de la vaina es de 52 mm., y el espesor máximo de la vaina es de 37 mm.            

                         La curva de la hoja tiene forma de alfanje en un ángulo de 20º. El lomo es redondo y su espesor cerca de la empuñadura es de 5,5 mm, comenzando a degradarse a 5 mm., en su tramo medio llegando a 2 mm., en la punta. La hoja del sable es de acero de Damasco, zona donde los occidentales encontraron por primera vez un acero ideal para la fabricación de armas blancas.  

                         Los árabes obtenían excelentes resultados con los aceros que fabricaban sus armas. Era un acero de origen hindú con alto contenido de carbono y con muy difíciles condiciones para el forjado. La empuñadura está armada con chas de madera de “ébano de las Indias Orientales”, también conocidas como “ébano de Ceilán” o “ébano negro” que se encontraba en India y Ceilán como también en África tropical.    



                         El color de ésta madera es negro en su duramen y con brillo metálico. Esta empuñadura se encuentra peregrinada con un típico diseño inglés. Las cachas están sujetas con un perno en forma de remache. La forma de la empuñadura remata en sus extremos con volutas donde están atravesadas con un tubo metálico que permite el paso de la dragona.            
                         
                           La vaina es de madera de “haya europea”, que se encuentra distribuida geográficamente en la región templada de Europa desde Inglaterra y Noruega hasta España e Italia. Esta vaina se encuentra revestida en cuero, dada la antigüedad y lo exiguo del tamaño de las muestras que se analizaron en laboratorio se trata de un cuero de un animal que no se puede determinar la especie y además de dónde proviene.            
                            
                            Del estudio de las partes constitutivas del sable de Libertador, se puede inferir que siendo el diseño de la hoja de tipo oriental y su proceso de fabricación de los llamados de “damasquinado” que, por lo que hemos visto era común su utilización en medio oriente no así en Europa donde, recién en 1821 se encuentra documentado un procedimiento que intenta ser similar. Se trataría de una hoja de una antigüedad mayor al resto del sable o de neto origen Persa o cercano a su área de influencia. Ese origen, se asevera en su diseño por la curvatura irregular. Esta hoja pudo ser utilizada en Inglaterra para armar un sable de características orientales al modo de las utilizadas por los jefes militares de los ejércitos napoleónicos como también los más prestigiosos jefes británicos.            

                              El general San Martín adquiere este sable en su estadía previa a embarcarse para América. Por lo tanto también es conocida la fecha aproximada de su adquisición. El sable del Libertador es entonces, armado con una hoja de verdadero acero damasquinado oriental y el resto del arma pudo haberse preparado en Inglaterra aunque no contiene en ninguna de sus partes visibles sellos ni cúneos que aseveren fabricantes probables.            

                              Lo concreto es que el Padre de la Patria decide venir a América para iniciar su glorioso derrotero acompañado de un arma que contenía, para muchos jefes militares de Europa un altísimo prestigio militar y a quienes, él había visto combatir durante su brillante carrera profesional en el ejército español, un poco como, si hubiera predicho su destino, en la gesta de nuestra emancipación.                                                                                                                                                                             Investigación:Humberto Francisco Leonelli.
    Maipú: Diciembre 2009  

       

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